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Viaje a Itaca

Mis amigos los Buendía

La primera vez que abrí un libro de garcía Márquez, o cerré a as pocas páginas. Deseaba con todas mis fuerzas leerlo. Era joven, conocía a muchos de los autores del Boom por los libros de lengua de la escuela. Fui precoz y fracasé en mi atrevimiento.

El libro en cuestión se llamaba Cien años de soledad, un título ininteligible a una edad en que cien años se parecen al infinito y no se tiene muy claro el significado de la soledad. Las primeras páginas eran absorbentes, no podía uno parar de leerlas; por eso mismo, quizá, tuve que abandonar su lectura.

 

La segunda vez que me enfrenté a un libro del colombiano fue más exitosa. Su título era mucho más sugestivo para un joven aficionado a las películas de asesinos y tribunales: Crónica de una muerte anunciada. El principio, sin embargo, me sorprendió hasta el enfado: ¿cómo podía una novela destrozar el argumento ya en la primera página? Comprendí no mucho más tarde que el truco de la novela radicaba precisamente en esa vuelta de tuerca. Desde entonces, he leído la Crónica varias veces, y nunca me ha decepcionado.

Tampoco lo hizo su obra maestras, la saga de los queridos Buendía, cuando por fin pude con ella. Fue arde, en primer curso de universidad. Esa vez me pareció un libro prodigioso, y comencé a leer cuantos ensayos y artículos encontraba sobre el mismo (hablo de una época en la que no contaba con la ayuda de San Google). La segunda lectura se produjo un año después: fue la definitiva. A partir de aquel año, releo los Cien años de soledad cada primavera, hacia finales de mayo o principios de junio, coincidiendo con las fechas de exámenes. Las locuras y azares de la familia Buendía ya sólo me producen carcajadas.

He llegado a aprender diálogos de memoria. Y, de cuando en cuando, recito como si fuera una cancioncilla de verano aquello de "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Arueliano Buendía había de recordar la mañana en que su padre le llevo a conocer el hielo". Ahora dudo: ¿escribió García Márquez "la mañana" o "el día"? No importa: la novela ya no le pertenece, los derechos de autor, de alguna extraña forma, han caducado y han pasado a ser parte de todos sus lectores.

Por supuesto, el colombiano ha escrito más libros. Pero estos son suficientes. Me bastan.

Hoy celebra su 80 cumpleaños. Felicidades pues.

 

Es un fiesta, de todas formas, triste, pues Gabo ya no escribirá nunca nada digno de lectura. Su última novela, de cuyo nombre no quiero acordarme, es un plagio descarado. Parece escrita por un imitador del colombiano. Lo único mágico de ella fue la fabulosa campaña de marketing que montaron sus editores.

Ayer leí que está escribiendo la segunda parte de sus memorias, unos apuntes reunidos en un libro. No sé si me interesan. Es una pena.

Lo que sí leeré, seguro, es la nueva edición que se prepara de los Cien años de soledad. Tengo curiosidad por leer lo que hace ya unas décadas escribió su hoy ex-amigo Mario Vargas Llosa. Y espero que esta primavera, pese a no tener exámenes, pueda reírme con aquella bronca monumental que una reina destronada echa a un jugador borracho y pendenciero.

Ya falta menos.

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