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Viaje a Itaca

Prueba superada

Había mucha expectación por ver la nueva película de Sofia Coppola. Tras su discreto y algo fallido debut con Las vírgenes suicidas, (aunque la culpa no es toda suya, el libro es pésimo), la directora llenó los ojos de los espectadores con la poética Lost in translation. La pregunta era clara: ¿conseguiría con María Antonieta el aplauso de la crítica?

Era difícil. Sofía Coppola se embarcó en un proyecto complejo, más propio de un curtido director que se permite un capricho que de una joven, 35 años, con un único éxito a sus espaldas. El resultado, sin embargo, es más que digno.

 

Coppola pasa en este trabajo de la sobriedad y elegancia que mostró en Lost in translation a la exageración, el lujo y el derroche. Una combinación de decorados, maquillaje y vestuario que le sirve para mostrar de qué forma la vida real se ocultaba en la Francia previa a la Revolución. La estética, de nuevo, es capital en la directora.

María Antonieta narra un fragmento de la biografía de la esposa de Luis XVI, una joven noble austriaca casada con el Delfín francés para asentar las relaciones entre los dos países. La película comienza con una perezosa Kirsten Dunst, (más guapa que nunca), a quien su madre despierta para anunciarle que se va a casar con el futuro rey de Francia; y termina con una desengañada reina que observa con tristeza los jardines de Versalles mientras huye en carruaje a fin de salvar el pellejo, (cosa que no conseguirá).

Entre estos dos momentos, Coppola nos muestra, en ocasiones con mucha ironía, el día a día de la reina de Francia: el despertar rodeada de nobles deseosas de vestirla, las comidas llenas de silencio y protocolo, las aburridas tardes en única compañía de sus damas de servicio y las frías noches en que intenta, sin mucho resultado, hacer el amor a su esposo.

Sofia Coppola no ha buscado en ningún momento filmar una película histórica. Maria Antonieta puede ser (casi) cualquier mujer de hoy en día. Mientras el espectador asiste a sus intentos de integrarse en ese circo que es Versalles, es fácil imaginar a una joven del siglo XXI que se casa por dinero y a quien las compañías de su marido nunca llegan a aceptar como una más. La soledad de la reina, en ciertos momentos, es absoluta. Natural, pues, que dedique su tiempo libre (todo) y su dinero (mucho) a placeres más o menos prohibidos: juego, alcohol y sexo.

Luis XVI aparece en la película como un tímido ignorante de la vida social a quien sus ministros dirigen como quieren. La Realpolitik, la única razón del matrimonio. El protocolo es el sagrado calendario que rige el tiempo en Versalles. Y la felicidad personal, una nimiedad frente a las obligaciones.

Coppola filme desde la perspectiva de la corte, de una reina que dijo, "Si no tienen pan, ¡que coman pasteles!"; así, cuando el pueblo francés se acerca amenazante a Versalles y obliga a los reyes a abandonar la corte, al espectador le viene a la cabeza la imagen de tantas personas que el siglo pasado tuvieron que huir de otra masa que buscaba su cabeza. Pero no es lo mismo. La última imagen de la película muestra una sala del palacio destruida por los sans-culottes: eso es trampa.

Ciertos críticos han criticado la peculiar elección de la música. Es un elemento, sin embargo, que no chirría con el tono exagerado y ampuloso de la película. Una de las mejores secuencias, aunque muy breve, se produce cuando la pareja desciende por unas escaleras y suena el majestuoso inicio de Plainsong, del oscuro grupo The Cure.

Si bien la Coppola ha caído de pie en este salto al vacío, haría bien en volver a sus películas "pequeñas": en un segundo lanzamiento similar podría estrellarse.

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3 comentarios

Tiresias -

Sobre la película no diré nada porque no la he visto. Sin embargo como veo que se hace énfasis en la banda sonora me premitiré una reflexión. Se habla de banda sonora anacrónica por utilizar piezas de The Cure o the Strokes... sin embargo si en una película ambientada en nuestros días sonase Rameau o Telemann nadie diría lo mismo... Curioso.

m ; ) -

Hola, saludos, ¿cómo va la novela?

Guillermo -

Me reafirmo en tu crítica, la Coppola ha caido de pie en su tercer salto. Y la verdad es que esta pirueta era un rato arriesgada. Se ve que es una directora que hace y deshace en sus películas lo que quiere, y eso, tal como está el cine ahora, algunos lo agradecemos. Su banda sonora, arriesgadísima por lo anacrónica, me ha parecido de gran calidad y no desentona en absoluto. Esos Strokes sonando con fuerza mientras Marie Antoinette corre por palacio hasta su lecho palacial, y cae en la cuenta de que se ha enamorado hasta las cejas del Conde Fersen, una delicia.
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