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Viaje a Itaca

Pedro y sus (primeras) mujeres

Mujeres al borde de un ataque de nervios narra la historia de Pepa (Carmen Maura) e Iván (Fernando Guillén), una pareja de actores de doblaje, que, después de varios años, deshace su relación, sin que él sepa que ella está embarazada. Mientras espera en vano noticias de Iván, Pepa intenta habituarse a su nueva situación. Su vida se complica aún más cuando llega a su nueva casa su amiga Candela (María Barranco), que huye de la policía porque ésta ha detenido a su novio, un terrorista chiíta y teme que la involucren a ella en el asunto.

Pepa decide conocer a la actual amante de Iván, con lo que sus "nervios" van en aumento. Por si fuera poco, en su vida entra también por casualidad, Carlos (Antonio Banderas), el hijo de su novio, que acude con la retrógrada novia (Rossy de Palma) a ver el piso para alquilarlo. Todos se concentran en la casa, y el cruce de personajes da lugar a toda clase de situaciones. La escena final se sitúa en un aeropuerto, al que la protagonista es conducida por un peculiar taxista (Guillermo Montesinos), donde Pepa será perseguida por la primera mujer de Iván (Julieta Serrano).

 

Es curioso que Mujeres al borde de un ataque de nervios se considere la película más importante de su primera etapa como cineasta, una especie de plenitud artística confirmada por los premios y la crítica nacional e internacional; pues es posiblemente su obra más costumbrista, además de ser una comedia mucho más amoldada a un estilo clásico heredero de George Cukor, que sus primeras y más radicales películas, donde igual se juntaba lo escatológico de John Waters con la mirada epidérmica de Rainer Werner Fassbinder. Esta magnífica comedia ayudó al realizador manchego a afianzar una estética que se alejaba del pop de sus primeras obras hacia un kitsch encadenado a lo geométrico que ha llevado a Almodóvar a ser uno de los realizadores con más fuerza plástica.

Por primera vez sus personajes, igualmente de desesperados y esquizofrénicos que los de toda su carrera, se alejan del lado más sórdido de la sociedad para ser un conjunto intimista de personas corrientes, unidas todas, por el abandono del mismo hombre.

Almodóvar coge el personaje de Pepa, una perfecta Carmen Maura en su última colaboración con el manchego, y lo sitúa en lucha continua con el teléfono y el contestador automático, ampliando lo que en un principio es un monólogo, en una historia tragicómica donde se encuentran todos los personajes de la película, siendo la única línea exterior al conflicto la que viene marcada por el personaje de Candela, que se une al grupo debido a su relación con unos terroristas chiítas. La película discurre vertiginosa a medida que se desarrolla un conflicto que Almodóvar plantea con precisión en los primeros diez minutos de la obra: basta ver el momento del doblaje de Johnny Guitar rodado en un travelling cenital siguiendo la luz del proyector hasta llegar a Pepa, que cae desmayada, para entender la raíz de todo el conflicto.

En su obra más teatral junto a ¡Átame!, ambas obras transcurren al 90% en el interior de un piso, mezcla con cariño y con una total ausencia de tragedia a todos los personajes, a los que el realizador les concede la posibilidad de ser felices pese a que entienden la vida como un camino de sufrimiento.

 

Pedro Almodóvar escribió sobre la película:

Antes del 68, si una chica abandonaba a un chico, el muchacho estaba obligado a convertirse en un héroe, a través de una aventura personal o haciendo algo por la Humanidad, descubriendo una vacuna o algo así.

No voy a negar que los chicos sufrimos, y que la soledad nos pesa tanto como a una feminista, pero ¿a quién le interesa hoy día hacer una película sobre el tema? A mí, desde luego, no. Las chicas, esas sí que saben comportarse cuando su novio las planta. No conocen el pudor, ni el sentido del ridículo, ni esa cosa horrenda que antes se llamaba amor propio. Sus reacciones están llenas de registros.

La mujer sabe que necesita del amor para seguir respirando y está dispuesta a defenderlo como sea. Porque en esa eterna guerra todas las armas están permitidas.
Si a una chica le deja su amante por otra, no tiene reparos en lanzarse a la calle, averiguar quién es la Otra, tirarla por un precipicio si su rival demuestra ser tan tonta como para acompañarla hasta el borde del mismo. Si no consigue lanzarla por el precipicio, intenta hacerse amiga suya para que la rival tenga terribles sentimientos de culpa y le cuente anécdotas íntimas de su común amante.

En el currículo de todo creador, debe haber algunos traumas. Naturalmente, yo también los tengo. Uno de ellos: haber trabajado en un sótano de la Compañía Telefónica durante diez años.

"Mujeres..." es un feroz alegato contra el teléfono y el contestador automático. No es cierto que a través del teléfono los seres humanos se comuniquen unos con otros. El teléfono sólo sirve para demostrar al prójimo el escaso interés que nos provoca. Y el contestador se inventó como ayuda al mentiroso. En esta película me he permitido liberar mi subconsciente y la protagonista arroja dos veces el teléfono por la ventana y una vez el contestador.

Aconsejo a todo aquel que espera inútilmente junto al teléfono una llamada, que tire el aparato por la ventana. Es mejor que ahorcarse con el cable.

El problema de los hombres y las mujeres es que, perteneciendo a la misma especie, no se entienden entre ellos. Así es y así seguirá siendo.

Al final de la película una joven rockera le dice a Pepa que prefiere las motos a los hombres. Pepa le contesta: "Es más fácil aprender mecánica que psicología masculina. A una moto puedes llegar a conocerla a fondo. A un hombre jamás".

Las críticas fueron espléndidas:

"La película funciona admirablemente, la espontaneidad trabajada, el mimo con el que se construye cada gesto y cada entonación, entradas y salidas, gritos y relajamiento, los equívocos permanentes y el más difícil todavía, el desequilibrado equilibrio que caracteriza a la mejor comedia". Carlos Boyero, El Independiente, 1988.

"...consumada finalmente como una comedia ligera, la película es casi una obra maestra. (...) en esta inteligente y divertida operación de alquimia se ha beneficiado del talento de sus colaboradores, empezando por sus excelentes actrices, desde la protagonista Carmen Maura hasta la característica Loles León (...) Pedro Almodóvar es, hoy por hoy, el más descarado, ingenioso y original de nuestros cineastas". La Vanguardia, 1988.

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