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Viaje a Itaca

Literatura

Cita en Samarra

Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir. Hombre culto y juicioso, tenía un joven sirviente, Ahmed, a quién apreciaba mucho. Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado, se encontró con la Muerte, que le miraba con una mueca extraña. Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. Una vez allí le contó a su señor todo lo ocurrido, y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenía unos parientes, para de ese modo escapar de la muerte.

Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra, y se despidió diciéndole que si forzaba un poco al caballo podría llegar a Samarra esa misma noche.

Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco rato encontró a la Muerte paseando por los bazares.

¿Por qué has asustado a mi sirviente? -preguntó a la Muerte- Tarde o temprano te lo has de llevar, déjalo tranquilo mientras tanto.

Oh, no era mi intención asustarlo -se excusó ella- pero no pude evitar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra.

(¿Alguien sabe decirme su origen exacto?)

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Tu rostro mañana

Por fin una noticia que esperaba hace tiempo. Ya hay fecha para la publicación de la tercera parte de Tu rostro mañana, la monumental trilogía de Javier Marías. Según Manuel Rodríguez Rivero, Alfaguara publicará en octubre (siempre guardan los écitos para la vuelta de vacaciones) la última entrega de la trilogía.

Su título: Veneno y sombra y adiós. Debo admitirlo, me encanta. Los anteriores volúmenes unían dos nombres en su portada, aquí el cierre está definido por este "y adiós". Por otra parte, es una señal de que la novela (Marías siempre ha rehusado llamarla trilogía, par el escritor es una novela en 3 tomos) está acabada, de que no va a extenderse como si fuera En busca del tiempo perdido.

En fin, la espera va a ser larga. Quizá vuelva a releer los primeros volúmenes en verano. Para hacer boca, aquí los párrafos iniciales de cada uno de ellos. (Estoy ansioso por saber cómo será el comienzo de este Veneno y sombra y adiós; un día deberían compilar en un librito todos los inicios de sus libros, son magistrales).

Tu rostro mañana: fiebre y lanza

No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido. Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento, también es un vínculo y otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando y hay que tirar de navaja o filo para cortarlo. ¿Cuántas de las mías permanecen intactas, de las muchas confianzas brindadas por quien tanto ha creído en su instinto y no siempre le hizo caso y ha sido ingenuo demasiado tiempo? (Ya menos, ya menos, pero la disminución de eso es muy lenta.) Siguen intactas las que deposité en dos amigos que aún las conservan, frente a las puestas en otros diez que las perdieron o desbarataron; la escasa que di a mi padre y la pudorosa que di a mi madre, muy parecidas si no fueron la misma, la de ella además no duró mucho, ya no puede defraudarla o sólo póstumamente, si hiciera yo un día algún mal descubrimiento, y dejara de ocultarse algo oculto; no perdura la de mi hermana, ni la de ninguna novia ni ninguna amante ni ninguna esposa pasada, presente o imaginaria (suele ser la hermana la primera esposa, la esposa niña), parece obligado que en esas relaciones se acabe utilizando lo que se sabe o se ha visto en contra del amado o cónyuge -o de quien resultó ser sólo momentáneo calor y carne-, de quien hizo revelaciones y admitió un testigo para sus flaquezas y pesadumbres y se prestó a confidencias, o simplemente rememoró sobre la almohada abstraído en voz alta sin reparar en los riesgos, ni en el ojo arbitrario que siempre nos mira ni el oído selectivo y sesgado que nos escucha.



Tu rostro mañana: baile y sueño:

Ojalá nunca nadie nos pidiera nada, ni casi nos preguntara, ningún consejo ni favor ni préstamo, ni el de la atención siquiera.....Ojalá nadie se nos acercara a decirnos Por favor, u Oye , ¿tu sabes?, Oye ¿tu podrías decirme?, Oye, es que quiero pedirte una recomendación, un dato, un parecer, una mano, dinero, una intercesión, o consuelo, una gracia, que me guardes un secreto o que cambies por mi y seas otro, o que por mi traiciones y mientas o calles y así me salves.

Nuevo Duke de Redonda

Hace diez años Javier Marías fue coronado Rey del Reino de Redonda. Durante este tiempo, se ha dedicado con diligencia a su casi único deber como monarca: "mantener viva la memoria de los anteriores reyes y de la leyenda, y heredar y gestionar los derechos de Shiel y Gawsworth". Pero el escritor pronto se extralimitó en sus funciones: creó una editorial llamada Reino de Redonda en la que publicó a autores británicos y comenzó a "ennoblecer" a diferentes escritores y cineastas. ¿El resultado? Una nobleza de lo más peculiar, en la figuran en una misma lista Coppola y Coetzee, Almodóvar y Frank Gehry.

Para quien no conozca el asunto, es preciso dar unos apuntes sobre el Reino de Redonda.

La isla de Redonda es un enclave cercano a las islas antillanas de Montserrat y Antigua. El padre del escritor M. P. Shiel compró el peñasco el día del nacimiento de su primer varón, y reclamó a la reina el título de rey de Redonda. Ésta aceptó a condición de que no se rebelase contra el poder colonial. A los 15 años, el escritor M. P. Shiel, alias Felipe I, se hizo con el trono, y empezó a apuntar la creación de una nobleza intelectual.

En 1947, el trono pasó a manos de su amigo John Gawsworth (Juan I), quien dio forma a la primera Corte literaria, (muchos nombramientos se hicieron en los bares que frecuentaba para así hacer callar a sus acreedores).

El tercer rey fue John Wynne-Tyson (Juan II), quien harto del acoso de otros pretendientes al trono decidió abdicar en Javier Marías. El español, muy discreto, decidió dar a conocer la noticia en su ¿novela? Negra espalda del tiempo.

Los lectores pensaron el pasaje de la novela era ficción (aunque es muy difícil saber qué es verdad y qué es mentira en ese libro); pero Marías se tomó muy en serio su labor y dio origen a una nobleza tan peculiar como interesante.

En palabras del monarca, los Dukes forman "un club en el exilio cuyos miembros jamás se reúnen".

Sus miembros son escritores y cineastas. Todos ellos han aceptado el nombramiento, a excepción de Gore Vidal, que lo declinó por considerarse republicano.

Como todo reino, Redonda tiene bandera, pasaporte y moneda oficial.

Desde el principio de este siglo, Marías ha concedido el Premio Reino de Redonda. El último en recibir el galardón (dotado con 6.500 euros, que sufraga la editorial Reino de Redonda), ha sido el intelectual George Steiner, "por haber mantenido viva y haber enriquecido, en tiempos de generalizada pereza intelectual, la mejor tradición pensante en sus análisis y meditaciones literarias; por ser un infatigable descubridor tanto de nuevos talentos como de los aspectos más desatendidos de los clásicos; por su enorme erudición, aplicada con rigor pero sin pedantería; por su reflexión sobre el horror del Holocausto y sus consecuencias en la vida contemporánea; por su ágil y sugestivo estilo literario; y, finalmente, por haberse erigido en una de las pocas voces sabias de nuestro tiempo, sin la cual seríamos todos algo más ignorantes de lo que somos". 

Steiner ha aceptado el nombramiento y ha elegido el título de Duke of Girona.

(Aquí una interesante entrevista)

Críticos y críticas

En la edición de ayer de El Cultural cinco críticos españoles respondían a un cuestionario sobre la función del crítico y su situación actual. Este es un resumen de las respuestas:


1.- ¿Qué es lo que da credibilidad a un crítico?

Senabre: La independencia -frente a editoriales y autores- y la sinceridad. También una competencia profesional sin la cual lo demás no serviría en absoluto.

Echevarria: El buen gusto, la posesión de un criterio articulado, la confianza en ese criterio, la voluntad de compartirlo y la capacidad de persuasión.

Siles: Un crítico debe ponerse en la piel del autor al que juzga y preguntarse si ha conseguido o no los objetivos que en esa obra se propone, y si los medios han sido los adecuados para ello. Creo que la crítica además de estar bien escrita.

Villanueva: En última instancia se trata de un arreglo entre lectores: entre ellos se le reconoce a uno en concreto voz propia, autorizada, para hablar de literatura.

Mora: Lectura completa, comprensiva y sistemática del libro, conocimientos culturales amplios y profundos de literatura, estudio complementario sobre el autor cuya obra puntualmente se analiza, ver el libro como un todo, dedicarle tiempo de reflexión, obviar sus valores de mercado.

2.- ¿Cualquiera puede ser crítico? ¿Qué mínimos deben exigirse?

Senabre: Habría que exigir unos mínimos: un amplísimo caudal de lecturas -algo muy raro, por lo que se ve-, un buen conocimiento de la historia literaria y una estrecha familiaridad con los fundamentos teóricos y los métodos críticos.

Echevarría: Lo que caracteriza al crítico (y me estoy refiriendo exclusivamente al crítico reseñista) es una determinada escala de preferencias y una decidida voluntad de intervención. En cuanto al estilo, es la única herramienta de que dispone el crítico para persuadir. Si resulta mediocre o incompetente en este aspecto, su eficacia será nula.

Siles: Sí, cualquiera que tenga formación adecuada para ello y los criterios de gusto suficientes y que fuese capaz de trasmitirlo podría ser crítico literario. De hecho, cualquier lector a su modo lo es.

Villanueva: Cualquier lector puede, efectivamente, ser crítico. Y de hecho, por lo general, lo es: si lee atentamente y es capaz de desgranar los entresijos de su propia lectura e investigar en las causas de sus impresiones como lector.

Luis Mora: Propongo un mínimo algo radical: el crítico debería ser tanto o más culto que el escritor más culto de su tiempo. Añádale un mínimo conocimiento de teoría de la literatura. Además, hay que saber leer. Eso es lo más difícil: no puede estudiarse.


3.- ¿Qué pasa con las acusaciones dependencia del mercado; amiguismo y compromisos; obediencia a consignas...?

Senabre: Hace años, en un suplemento literario de cuyo nombre no quiero acordarme, un crítico comenzaba su reseña confesando ser amigo del autor de quien se disponía a escribir. ¿Qué crédito pueden merecer una crítica y un suplemento así?

Echevarría: El problema no es tanto la dependencia como el sometimiento al mercado, es decir, la sumisión, la interiorización de sus consignas.

Carentes de todo proyecto cultural, los grupos de comunicación y los periódicos españoles no emiten consignas propiamente dichas a los críticos: se limitan a establecer un embrollado sistema de listas blancas y negras conforme a las cuales se hinchan o se omiten las novedades de colaboradores afines y no afines. En este punto, no vale la pena extremar la paranoia conspirativa: se trata de la más vulgar y mecánica miseria humana, con frecuencia incrementada hasta la caricatura por los intereses comerciales.

Siles: Lo único que debería importar en la crítica literaria es la independencia de criterio, de manera que la forma de luchar contra estos vicios sería acuñar un método y un modo para defender y mantener dicha independencia de criterio

Villanueva: Raymond Federman, hace ya un cuarto de siglo, advertía que la responsabilidad de la crítica era entonces "hacer la distinción, marcar la diferencia entre libros y no-libros". Pero para cumplir semejante compromiso hay que estar pendiente del mercado: para desenmascarar a los segundos, por muy best-sellers que sean, y para que no pasen desapercibidos los primeros.

Luis Mora: La dependencia del mercado es inapelable. Hasta una mala crítica con foto puede volverse comercial. Vénganse a Internet, es casi gratis.

En cuanto a la obediencia a las consignas, si pudiera contar la mitad de lo que sé... Vénganse a Internet, no hay casas, el grupo es uno mismo.

Inteligente autocrítica

Es difícil reírse de uno mismo. Encontrar los fallos antes de que otros lo hagan y realizar una crítica profunda de ellos, pero no desde la seriedad sino desde el humor. La mayoría de la gente admite un error, pero pocos una burla. Esto, reírse sin piedad de sus propios fallos, es lo que hace Isaac Rosa (Sevilla, 1974) en ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!.

Hace dos años Rosa publicó El vano ayer, una novela con la que consiguió el favor de la crítica y el premio Rómulo Gallegos (galardón que han obtenido Vargas Llosa, Bolaño o Vila-Matas). Satisfecha con el resultado, la editorial Seix Barral pidió al escritor otro libro. Rosa decidió rescatar su ópera prima, una novela que gozó en su día de "poca circulación y menos lectores" llamada La malamemoria. Al leerla, Isaac Rosa descubrió sus fallos. Ante la disyuntiva de publicarla tal y como la escribió o guardarla en el cajón, el escritor eligió una original e inteligente tercera vía: incluir al final de cada capítulo unos comentarios burlones en los que echaba por tierra de forma meticulosa todos los aspectos de la novela, desde el argumento y la caracterización de los personajes al uso de expresiones ampulosas.

Así, cada pocas páginas se rompe el hilo narrativo y el lector se encuentra con unos párrafos escritos en cursiva (y que, según Rosa, proceden de un "impertinente lector") que dicen cosas como: "el autor piensa que el lector se va a perder, que se va a despistar de la narración, y decide cogerle por la mano, acompañarlo, sentarle y explicarle, hablando muy alto y vocalizando bien" o "es difícil juntar en un solo párrafo tal cantidad de cursilerías".

La novela que esta voz juzga de forma precisa cuenta la historia de Julián Santos, un negro literario que en 1977 recibe el encargo de redactar las memorias de un político con un pasado por esconder. Para ello, el protagonista tendrá que investigar en la biografía de este personaje, y en la búsqueda se topará con un secreto guardado durante cuarenta años. Como el título bien indica, La malamemoria es otra maldita novela sobre la guerra civil. Una novela destinada al consumo y al olvido inmediato, "entretenida y fácil de leer", según indica Rosa en uno de sus comentarios.

El sevillano es un escritor muy inteligente: lo que podría haber sido una novela para pasar un par de tardes de verano, una más de las que abundan en las mesas de novedades de las librerías, se convierte en un texto más complejo en el que lo importante no es la propia narración, sino las notas al margen. Unas notas llenas de humor pero también de aguda visión literaria.

Si la primera vez que se encuentra con una de ellas el lector se siente algo perdido, a medida que avanza la novela les da una mayor importancia, hasta el punto de querer saltarse párrafos enteros de la narración para llegar antes a las burlas.

La malamemoria era una obra que pretendía, sin lograrlo, provocar el recuerdo de los vencidos en la guerra; transformada en ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! se convierte en una novela valiente que abre una nueva puerta a la literatura española.

(Reseña publicada en el suplemento Artes y letras el 19 de abril de 2007)

Pulitzer para McCarthy

Cormac McCarthy ganó ayer el premio Pulitzer de Ficción con su novela The Road.

Aquí una reseña que escribí hace unos meses.   

Nuevo Vila-Matas

La editorial Candaya, esqueje de la web Sololiteratura, acaba de publicar un libro raro en el panorama español. Vila-Matas portátil es una compilación de textos escritos por diferentes autores alrededor de la obra del barcelonés.

Enrique Vila-Matas, según afirma en varias entrevistas, terminó recientemente una colección de relatos que lleva por título Exploradores del abismo. Este libro, de nuevo en palabras del autor, será un nuevo comienzo en su obra: "Desde hace un año tengo la sensación de ser el heredero del que escribió los anteriores textos".

Para quienes no conozcan al escritor español más audaz y prometedor, con sus casi 60 años; el escritor que, en mi opinión, está creando la literatura del futuro (junto con otros como Coetzee o Sebald), aquí unos cuantos links:

Introducción en español (somera, lo mejor son los links que ofrece)

Perfil en francés (mucho mejor que el link anterior, contiene resúmenes de sus libros)

Entrevista en podcast (no tiene desperdicio; aquí una cita: "Mientras mis enemigos sigan escribiendo tan mal, me siento obligado a seguir escribiendo para contrarrestar la balanza del horror").

Artículo en Barcelona review (se pregunta por qué escribe).

Avalancha de Bolaño

Babelia (El País)

El Cultural (El Mundo)

La Razón

Radar (Página12)

New York Times

Blogs (última semana)

Cita semanal

¿Creían que los árabes eran tontos? Ellos nos dieron los números. Intenten hacer una división larga con números romanos

Kurt Vonnegut, Un hombre sin patria, 2005

Contar para vivir

Hace hoy veinte años, el escritor italiano Primo Levi fue encontrado muerto en el rellano de su edificio. Si bien existen dudas acerca de su fallecimiento, la suposición común es que se suicidó saltando por las escaleras. Fue una más de las víctimas del nazismo; esta vez la muerte le alcanzó con dos décadas de retraso.

Auschwitz impulsó a Primo Levi a escribir; si no hubiera pasado en el Lager los peores meses de su vida, el italiano hubiera sido un químico más, tan feliz o infeliz como el resto de europeos de la época. Pero fue hecho preso y lo llevaron al campo de concentración. Ya durante su estancia Levi sentía una imperiosa necesidad de contar lo que allí ocurría, lo que veía, lo que sentía. Durante varias semanas, trabajó (al igual que sucede con "comer" o "dormir", esta palabra se convierte en un eufemismo al hablar de Auschwitz) en un laboratorio químico, donde tuvo acceso a papel y lápiz, escribía deprisa unas líneas, y a continuación destruía la prueba del delito: lo importante era escribir.

A eso dedicó las noches a su vuelta a Italia. Al acabar la jornada laboral, se sentaba a escribir uno de los libros más estremecedores del siglo XX. Un libro que jamás tenía que haberse escrito; unas páginas que expresaban tal horror que fueron tenidas por increíbles por muchos.

Y es que en 1946 el Holocausto no era un término tan conocido como ahora. La mayoría de la gente no sabía lo que había sucedido; otros no querían saber. Y los que conocían el horror, fueran víctimas o verdugos, muchos de ellos pretendían olvidar y empezar una nueva vida.

Pero también había los que necesitaban contar su experiencia en los campos de concentración. Aquellos que a la noche, después de cenar, se quedaban en la mesa de la cocina y murmuraban imágenes de dolor y de muerte. Contar era un exorcismo. Un medio de superar lo vivido y seguir adelante.

Primo Levi mostró en Si esto es un hombre lo que presenció en el campo de concentración. El suyo es un relato testimonial, en el sentido más puro de la palabra. Levi no es juez, sino testigo; no opina: describe. No hace falta más.

Levi habla del frío, de la esclavitud, del hambre, del dolor y de la muerte. Pero sobre todos estos conceptos sobrevuela uno mucho más importante, la razón de ser de Auschwitz: la deshumanización de los prisioneros. Al final del libro, los alemanes han abandonado el campo y han dejado a los prisioneros a su suerte, muchos están enfermos, el frío es absoluto y el agotamiento general. De esos días escribe:

El último rastro de civilización ha desaparecido de nuestro alrededor y de nuestro interior. La obra de bestialización emprendida por los alemanes triunfantes ha sido cumplida por los alemanes derrotados. Es hombre quien mata, es hombre quien sufre o comete una injusticia: no es hombre quien ha perdido toda decencia y comparte su lecho con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino acabara de morir para quitarle un pedazo de pan puede ser inocente, pero está señalado, condenado, maldito.

Hoy todo el mundo conoce lo sucedido en la II Guerra Mundial (a excepción, claro está, de los negacionistas). Se han escrito centenares de libros, posiblemente moles de artículos; pero, más importante, hemos tenido acceso a las imágenes. En esta ocasión, es muy cierta la proporción de la imagen frente a la palabra. Las fotografías tomadas por los soviéticos al liberar los campos, el documental Shoah, películas como La lista de Schindler o El pianista, la ilimitada base de datos que es Internet, permiten que en nuestra memoria guardemos imágenes del horror sin haberlo vivido.

¿Entonces, sigue siendo hoy Primo Levi tan necesario como en los años 50? No, afortunadamente, no.

Pero todos los infiernos tienen su testigo. Hoy necesitamos otro Primo Levi, un escritor que probablemente llevará nombre musulmán. Alguien que cuando salga de Guantánamo informe al mundo de lo que allí sucede.

Mientras, en nuestras cabezas deberían resonar estos versos con los que Primo Levi encabezó su obra:

Ustedes que viven sin molestia
En residencias seguras;
Ustedes que encuentran comida caliente y rostro amigo
Al volver a casa al atardecer:
Observen y vean si esto es un hombre
El que trabaja en un pantano frío;
Él, que no conoce el descanso y lucha
Por un pequeño pedazo de pan.
Que se convierte en mortal por un "sí" o "no".
Observen y vean si esto es una mujer.
La que no tiene nombre ni cabellos;
A la cual no le quedan fuerzas para recordar,
Como una rana en un día de invierno y hielo.
Reflexionen y recuerden que todo esto sucedió
Y se quedarán estas cosas:
Que yo les ordeno
Grabadas en su corazón.
Y las repetirán a sus hijos
Al regresar a casa y al ir en los caminos,
Al acostarse y al levantarse.
Y si ustedes callan - que se destruyan sus casas
Y les aflija la enfermedad desde los pies a la cabeza
Y también sus descendientes les volteen la cara.

Fracasar en la huida

El escritor estadounidense Philip Roth presenta en La mancha humana a cuatro personajes que han dedicado gran parte de su vida a huir de lo que son. Al cabo, ninguno de ellos lo consigue.

Coleman Silk es un viejo catedrático de lenguas clásicas que en su juventud abandonó a su familia, a su clan para vivir una vida impostada. En un tiempo en que el color de la piel definía u lugar del que no se podía salir, la ambigüedad de su tonalidad (blanco para los negros, negro para los blancos) le permitió un futuro en el mundo de los WASP.

Faunia Fawles huye de sí misma. En un ser salvaje, todo lo que toca se corrompe. Escapó de su padrastro, de sus innumerables y desastrosos novios, de su violento marido, intentó olvidar la muerte de sus hijos; pero su sino es trágico y por mucho que finja no puede evitarlo.

Les Fawles lleva 25 años escapando de una selva de Vietnam. Como muchos de su generación, vio cosas que no tenía que haber visto, y cometió actos que jamás debió haber cometido. Perseguido por las pesadillas y ansioso por dejar a un lado la soledad, se refugia en el alcohol, la violencia y la autoindulgencia. Encontrará una cierta tranquilidad en la soledad más absoluta.

Nathan Zuckerman también vive en soledad. Es un escritor operado de cáncer de próstata que ha decidido imitar a Thoreau y rodearse únicamente de naturaleza y literatura. Pero el hombre es un ser social y no puede negarse a la petición de Coleman Silk.

Estas cuatro personas nunca debieron haber coincidido, pero lo hacen tras un incidente tan grave como absurdo. En una de sus clases, Silk hace un comentario respecto a dos de sus alumnos y es tildado de racista. Después, se encadena una desgracia tras otra: sus colegas le dan la espalda, se ve obligado a abandonar la universidad, su esposa fallece, inicia una rejuvenecedora pero peligrosa relación con Faunia y, por fin, ambos fallecen en un accidente de tráfico. El encargado de contar la historia es Zuckerman, a quien Silk se ha dirigido para que escriba sobre su expulsión de la universidad.

Philip Roth intenta poner en relación a sus personajes, y es ahí donde la novela se cae. La biografía de cada uno de ellos es apasionante, no es necesaria una historia, una excusa para poner en marcha el engranaje narrativo. Una fórmula alternativa sería relatar las cuatro vidas y señalar, como quien no quiere la cosa, los sucesos que aquí se narran. Una suerte, mutatis mutandis, de Vidas cruzadas.

La mancha humana cierra la trilogía La América perdida, y es una lástima; lo que podía haber sido un broche de oro se queda en una novela correcta a la que le sobran páginas y le falta solidez.

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Fernando Vallejo y el Rey

El otoño pasado se publicaron varias notas (y se emitieron unos cuantos programas de telebasura) en torno a una cacería del Rey en Rusia. Según la prensa, el monarca cazó a un oso que había sido previamente drogado. Como reza el dicho, "así se las ponían a Fernando VII".

Ahora, cuando ya nadie recuerda el asunto (en España, ya se sabe, el olvido es veloz), el escritor colombiano Fernando Vallejo escribe un artículo al respecto en la revista colombiana Soho.

Resulta estimulante, cuando menos, leer un texto en el que se critica abiertamente a Juan Carlos I. En nuestro país existe un pacto tácito por el cual la Familia real queda eximida de toda crítica. Frente a las decenas de noticias (demasiadas veces puro cotilleo) que se leen sobre Carlos de Inglaterra y compañía, en nuestro país es difícil encontrar en la prensa críticas sólidas. Sólo hay que recordar el ictus sufrido por Jaime de Marichalar, un ataque debido, vox populi, al consumo de cocaína. Únicamente Joaquín Sabina, consumidor confeso, se atrevió a declarar que lo suyo fue un "marichalazo".

Para aquellos que no tengan tiempo de leer el artículo completo, aquí unos pasajes:

Porque han de saber que este señorito viejo además de cazador es mujeriego, buen vividor, borrachín y corrupto. Lo de mujeriego, buen vividor y borrachín es cosa suya y de su familia, que se lo tendrán que aguantar. Lo de corrupto es cosa de España, que lo alcahuetea.

En fin, lo que el periódico rumano sacó a la luz no fue más que la punta del iceberg: la testa coronada estaba yendo a Rumania a cazar furtivamente desde hacía décadas, desde los tiempos de su compinche Ceaucescu, el tirano sanguinario de Rumania, que lo invitaba.

Yo no tengo nada que ver con los ecologistas que creen, como ese libro imbécil del Génesis, que los animales están ahí para el servicio del hombre y que para eso los hizo Dios. Dios no existe y me importa un comino que se vaya al diablo este planeta. Para mí, simplemente, los animales son mi prójimo, los quiero y considero una solemne ruindad ir a matarlos por diversión.

¿Qué ha hecho él por la lengua española, si ni siquiera sabe leer los discursos que le escriben?

¿Juan Carlos Borbón es una vergüenza de España? No. España es una vergüenza de la humanidad. Él la representa a la perfección. España es eso: crueldad con los animales, cerrazón del alma, servilismo de lacayos. Hay que sacarla de la Unión Europea rapidito, antes de que la pudra.

Antonio Lobo Antunes

Perfil de Antonio Lobo Antunes, escritor portugués y futuro premio Nobel.

Ficha del autor en Siruela, editorial que ha publicado casi toda su obra.

Entrevista.

Y una de sus crónicas.

Los olvidados del futuro

El Sol de Mexico ofrece un artículo sobre los grandes olvidados de la literatura. Aquellos escritores que reinaron durante un par de décadas. Aquellos a quienes leían todos los que leían. Aquellos que hoy nadie recuerda.

Se podría hacer una interesante lista de los autores hoy venerados que en un futuro, y no tan lejano, pasarán a ocupar las estanterías de librerías de viejo.

Aquí mis primeras propuestas, 3 escritores con los que disfruto y, sin embargo, debo admitir que no dejarán huella: Paul Auster, Roberto Bolaño y Truman Capote.

Las ventajas del anonimato

Existe un grupo de escritores "ocultos", autores que no conceden entrevistas y prefieren ser conocidos a través de sus libros. Los más famosos son Salinger y Pynchon, aunque a esta lista habría que añadir a Trevanian y Bruno Traven. En España surgió hace un par de años una escritora con nombre alemán, Anna Wolgescchaffen, con una única compilación de nouvelles.

Jerome David Salinger escribió su famosa y sobrevalorada novela El guardián entre el centeno. La novela, tal y como la recuerdo, habla de Holden Caufield, un adolescente que es expulsado del instituto por mala conducta y vaga por las calles de Nueva York hasta encontrarse a sí mismo. Es decir, una bildungsroman ambientada en Nueva York y adornada con palabrotas y leves referencias sexuales. Abrumado por el éxito, Salinger decidió no conceder más entrevistas. Publicó algún otro libro más con moderado éxito, y uno de sus cuentos, Un día perfecto para el pez banana, goza de mucha admiración. Recientemente, se está realizando en la blogosfera un estudio de cada uno de sus nueve cuentos.

Thomas Pynchon es el oculto por antonomasia. Sólo existe una fotografía de él, y data de los años 50 (aunque hay una imagen suya en una secuencia de Los Simpsons; él mismo solicitó aparecer en el la serie). Sus obras, aún más sobrevaloradas que las de Saliner) hablan de conspiraciones, de misterios y de entropía. Su novela más famosa, El arco iris de la gravedad, habla de un militar norteamericano que trabaja para la inteligencia aliada en Londres, en 1944, y que padece un grave problema: siempre que cae una de las bombas autopropulsadas alemanas V-2, él tiene una erección, pues de niño fue sometido a experimentos pavlovianos por un loco científico alemán que ahora trabaja para los nazis. Existe toda una industria de especulación sobre su identidad que dejan a Luis del Pino y sus peones negros a la altura de un corro de cotillas.

Sin embargo, muchas veces los lectores nos acercamos a su obra más por curiosidad que por verdadero interés literario. Si Pynchon saliese de cuando en cuando en la televisión, si Salinger permitiese un reportaje en su granja, ¿serían tan venerados? Lo dudo.

Si bien al principio seguro que se recluyeron por motivos perfectamente razonables, mantienen su anonimato a capa y espada: sin él sólo serían unos escritores más, en igualdad de condiciones con el resto.

El fracaso de la voluntad

Hoy Mario Vargas Llosa cumple 71 años. El peruano es uno de los autores más conocidos del boom latinoamericano, sólo superado por el recientemente homenajeado Gabriel García Márquez.

Pero ser conocido no implica ser buen escritor. Y Vargas Llosa, por mucho que lo desee, nunca llegará a serlo.

Entendámonos. ¿Qué significa ser buen escritor? Para algunos un buen escritor es aquel que consigue elaborar unas cuantas novelas más o menos atractivas, más o menos sólidas y (habría que añadir) que tiene unos fieles seguidores y gusta de disertar y sentar cátedra en cuantos más medios mejor.

Así entendido, Vargas Llosa es un buen escritor. Sus novelas son sólidas, bien redactadas, y los personajes que las habitan son muy "reales". Su modelo literario es Madame Bovary, su estilo el realismo. En sus primeros años fue de izquierdas y ahora pregona su liberalismo. Encaja, pues, en el modelo.

Pero un buen escritor también puede ser aquel que salta al vacío, que es, en el buen sentido de la palabra, original, que no busca un público determinado ni acumular premios (aunque gracias a esta no búsqueda, termine recibiéndolos). Un buen escritor es aquel que tiene "la chispa adecuada". Y Vargas Llosa no la tiene.

Su sistema de trabajo es perfecto: ordenado, meticuloso, muy disciplinado, no hace excepciones, el trabajo es el trabajo. Entre semana la novela, los domingos los artículos de opinión. Como una le dijo Onetti, "Tu relación con la literatura es conyugal, por eso tenés que cumplir todos los días". Es un sistema demasiado perfecto, no hay lugar para la improvisación, para el arte.

Vargas Llosa ha llegado alto. Es uno de los escritores más respetados en el mundo; tiene dinero, premios y  espacio en los medios. Ha producido una obra sólida y más o menos coherente. Pero le falta lo más importante: esa chispa esa "magia" de la que carece y que le separa de Faulkner, de Coetzee o de Bolaño.

Cuando a García Márquez le otorgaron el premio Nobel, muchos pensaron que con él se premiaba a todos los escritores del boom, que era una especie de reconocimiento a toda una generación y una cultura. Vargas Llosa rechazó esta teoría. Él quiere ganar el premio Nobel. Que espere sentado.

Día mundial de la Poesía

¿Pero no estaba muerta?

El eterno vigilante

El lector que se adentra en Juan Benet debe ser valiente. No ha de amedrentarse ante las páginas compactas o las largas frases. Si quiere disfrutar de sus novelas tiene que ralentizar su ritmo de lectura y estar dispuesto a releer páginas enteras para comprender su mensaje. Ha de olvidar todo lo aprendido en las novelas "convencionales" y sumergirse sin prejuicios en una prosa tan rica como compleja. Así disfrutará de uno de los autores españoles más interesantes del siglo XX.

Juan Benet creó un territorio mítico, Región. Le atribuyó una topografía, elaboró un mapa y escribió toda una obra literaria en torno a él. Al territorio le correspondía un bosque, y al bosque un guardián, el Numa. Ya al comienzo de su primera y capital novela, Volverás a Región, se hablaba de los incautos viajeros que se perdían en el bosque y eran recibidos con un disparo al anochecer. Varios años después de publicar esta novela, Juan Benet escribió Numa, un relato largo en torno a este personaje.

En apenas 60 páginas sin un solo punto y aparte, Benet ofrece al lector una radiografía de este misterioso guarda. En su relación con el bosque es fundamental el concepto del deber. La razón de ser del Numa es guardar el bosque: más allá no hay nada. El Numa espera sereno a los posibles intrusos, no le importa quiénes son, ni sus motivos para profanar el recinto: su sagrada misión es eliminarlos. No recuerda cuántos años lleva desempeñando su labor, tampoco quién le puso allí: sólo sabe que un día llegará su sucesor, un intruso que logrará abatirle, y que ése será un final más que digno.

En la última parte del relato el Numa recuerda un accidentado encuentro con un intruso. Estuvo a punto de fallar y dejarse matar, pero consiguió acabar con él: no era el sucesor que esperaba.

Como en casi todo Benet, aparece insinuada una guerra civil, y una posguerra triste. Hay un ser solitario, un antagonista difuso y un destino del que es imposible escapar. Y hay sobre todo un estilo único, un lenguaje complejo, no apto para lectores fast food, que se vuelve hipnótico a las pocas páginas.

Numa es, en fin, un cuento absorbente dedicado al personaje más misterioso de Región.

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John Updike

Tal día como hoy, hace 75 años, nacía John Updike. El escritor estadounidense pasará a la historia de la literatura (estadounidense, no universal) gracias a su serie de novelas protagonizadas por Harrry Angstrom, alias Conejo.

 

Updike narra la vida de Conejo a lo largo de 4 volúmenes y una nouvelle insertada en una colección de relatos. El primer libro presenta a un Conejo veinteañero que vive con una esposa histérica y embarazada, adicta al alcohol y la televisión; Conejo sale una tarde a comprar tabaco y decide no volver. El último capítulo de la saga está protagonizado por una cena de Acción de Gracias en la que se reúne la familia de Conejo, aunque éste ya ha muerto.

Durante 40 años, los lectores de Estados Unidos crecieron al mismo tiempo que este personaje, que se convirtió en el paradigma de los llamados WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant; blanco, anglosajón y protestante, es decir, el colectivo mayoritario y dominante en Estados Unidos).

El año pasado, Updike, en un intento de seguir reflejando el mundo real en su literatura, publicó Terrorist, una novela que intentaba meterse en la piel de un terrorista islamista. El resultado, a decir de las críticas, dejó mucho que desear.

Entrevista a Borges

Primera parte de una conversación entre Jorge Luis Borges y Joaquín Soler Serrano en 1980. El resto, aquí.

 

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